Destacadas

Una crisis cantada: la playlist del 2001 convertida en libro de investigación

Docentes de dos universidades nacionales se unieron para indagar de qué manera la música argentina primero anticipó, luego participó y finalmente procesó el estallido social del 19 y 20 de diciembre de 2001. En esa esta nota, Martín Liut y Elina Goldsack resumen los principales ejes de la publicación , y Julián Delgado y María Inés López conversan sobre dos canciones icónicas: “Industria Argetina”, de Damas Gratis, y “El ángel de la bicicleta”, de León Gieco y Luis Gurevich.

“Regresa y hunde tu cuerpo en esta tierra. Sube y vuela tu mirada hacia el mar…
Y hay que impedir que juegues para el enemigo. Madre de la vida, por favor ilumina a la gente o todo verdor y creación y tu amor se perderán”.

Estos bellos versos contra el individualismo que escribió Luis Alberto Spinetta en el año 2000 son parte de El Enemigo, una de las tantas canciones que marcaron el clima social que desencadenó en la insurrección popular más fuerte de nuestra historia reciente: la “crisis del 2001”. Una rebelión que intentó cerrar el ciclo económico neoliberal y que abrió paso a formas nuevas de organización colectiva, como las asambleas barriales y el trueque, pero que fue criminalmente reprimida, con 39 personas asesinadas.

A veinte años del estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001, la investigación Una crisis cantada recopila una serie de artículos que arman una “playlist” diversa de canciones relacionadas. Desde el rock a la cumbia, pasando por el folclore, el tango, el jazz y la música académica y experimental, la revuelta social atravesó a toda la sociedad y las y los músicos respondieron desde sus respectivas experiencias y géneros musicales.

El libro es el resultado de la articulación entre dos universidades públicas y nacionales. Así, el proyecto Territorios de la música argentina contemporánea, etapa II (Temac2), de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), a cargo de Martín Liut, se unió a Procesos creativos en la canción popular argentina, composición, arreglos, versión e interpretación, de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que dirige Elina Goldsack y co dirige María Inés López.

En este mosaico musical y plural que compone el libro se pueden leer 13 ensayos que analizan las canciones: Se viene (1998), de Bersuit Vergarabat; La casa desaparecida (1999), de Fito Páez; La violencia (1999), del Dúo Barone-González; Fin de siglo (1999), de Raúl Carnota; Estancia (1941), de Alberto Ginastera; Argentina 2002 (2002-2008), de Palo Pandolfo; Devil Number 6 (2003) de Eleonora Eubel; Ciertas cacerolas (2003), de Mario Hugo Sosa; Industria Argentina (2003), de Damas Gratis; Junio (2005), de Jorge Fandermole, El ángel de la bicicleta (2005), de Leon Gieco y Luis Gurevich, y la ya mencionada El Enemigo, de Spinetta.

Uno de los mayores aciertos del libro es no abordar los tópicos obvios. “Si pensás en temas sociales no se te viene enseguida a la cabeza Spinetta como artista -explica Elina Goldsack, autora del ensayo sobre El Enemigo- pero en realidad Bajo Belgrano, que salió en diciembre de 1983, es un disco con muchas pinturas de realidad. Está Maribel que es una canción que compone ante un problema con su hijo menor. Allí dice ‘canta, canta toda la vida//canta conmigo//canta tus penas de hoy’, en un gesto de empatía hacia el dolor de las Madres de Plaza de Mayo; en Resumen Porteño entona ‘Sólo flotan cuerpos a esta hora’. Ahí pasó la realidad. Spinetta tiene en sus textos una gestualidad pictórica -que tampoco es figurativa- donde te vienen como oleadas las expresiones vinculadas a la realidad”.

La consigna disparadora para los 15 investigadores de cada Universidad es que cada uno eligiera libremente una canción. ¿Por qué libre? “Porque sabíamos que en el grupo había personas de entre 30 y pico a 50 y pico, que cada uno iba a elegir por afinidad, por historia, algo diferente”, explica Martín Liut. “En marzo hicimos un encuentro virtual donde se confirmó esto que pensábamos: en la Argentina la crisis fue tan grande que en todos los géneros hubo algún artista que reaccionó. No solamente los habituales (pienso en León Gieco que es un artista socialmente comprometido). También artistas que normalmente no lo están, se vieron interpelados. El universo es muy grande, mucho más que el que está en el libro”.

“También vimos cómo cada género musical reaccionó porque no es lo mismo el rock, que ocupaba el centro de la escena con el apoyo de la industria, que el tango que venía remontando la cuesta en un momento de poca visibilidad que dio paso a un proceso de recuperación de repertorio y de puesta en diálogo”. Así, en el artículo que escribe Fernanda Suppicich sobre el tango La violencia que escribió el Dúo Barone-González se puede leer una frase de Roxana Barone: “Si el tango tiene que llorar, que llore por la actualidad”. “Lo que viene a descubrir Fernanda es que en la Argentina no solo se escuchaba Madreselva”, explica Liut.

El proyecto de investigación conjunto les permitió aprovechar la diversidad de los dos grupos y construir “un paraguas” donde cada autor escribió según sus propios intereses y experiencias. “Hay investigadores que venían trabajando tango, folclore o música académica. Lo que buscamos fue un tema que nos atravesara a todos. Ahí surgió la diversidad”, explica Martín y agrega: “Tomas Mariani está trabajando su tesis sobre el folclore de los años 80. Uno de los exponentes más importantes es Raúl Carnota. Así que solo fue un paso ir de los años 80 a los 90 en su análisis. O Martín Sosa que canta con Jorge Fandermole y esto le permitió hablar con él sobre Junio, ese réquiem que compuso en homenaje a los militantes asesinados Kosteki y Santillán y que cada vez que uno lo escucha, llora”.

Otro ejemplo de esta pluralidad de géneros es el trabajo de Mariana Signorelli sobre el ballet Estancia, que Alberto Ginastera creó en 1941.

“Un dato interesante es que hay muchas puestas coreográficas sobre esta obra. Algo que Mariana no había notado al principio es que la puesta del Teatro Colón que se hizo en mayo de 2001 fue muy excéntrica porque el puestista trasladó la escena del campo a la ciudad, y del pasado al presente. Entonces aparecieron los piquetes. Lo criticaron mucho, le dijeron que era algo pueril, pero lo que demuestra es que si hasta un coreógrafo del Colón, sensible con su tiempo, hizo esa puesta es que la crisis estaba cantada, que es un poco la conclusión que engloba el título del libro”, explica Martín.

Para Elina, “indefectiblemente cada uno forma parte de realidades distintas”. “Cada uno de nosotros tiene un recorrido. Creo que lo que pasó fue que encontramos un lugar de comunicación. A raíz de pensar en esta crisis hay otra que se nos vino muy encima a quienes vivimos en Santa Fe: la inundación de 2003. Un poco aparece también en el libro y ahora es el camino que están siguiendo María Inés y Verónica, que tomaron esa posta porque hay mucha música producida en relación”.

Una situación muy particular se dio con Se viene, de Bersuit Verarabat, tal vez la más literal y premonitoria de las canciones. Ningún investigador la había escogido para trabajar, tal vez por ser tan evidente. Fue Leandro Donozo, fundador de Gourmet Musical, el sello que publica el libro, quien sugirió que la canción tenía que estar. Para abordarla, hicieron un experimento interesante, un ejercicio coral donde “entre todos” escribieron el capítulo. La apuesta tuvo dos momentos. Primero, un ejercicio de memoria donde cada uno contó sin escuchar lo qué recordaba de la canción. “Ahí surgió que algunos estaban en la secundaria, otros en la universidad, otras siendo madre, gente que estaba sin trabajo, todo dentro del mismo propio grupo de investigadores. Ahí apareció la diversidad”, explica Martín.

“Para hablar en primera persona, yo recordaba escuchar la canción en el microcentro, en algunas protestas, y también algunas cosas que me parecían un poco banales cuando hablaba de la Dictadura o la frase ‘si tenés alguna duda, agarrala que está dura’. Fíjate como ya aparecía todo el machirulismo y en 2001 no lo veíamos, salvo algunas mujeres del grupo que ya en ese momento lo habían detectado”, señala Liut. Ya en la segunda parte del experimento, todos escucharon la canción y debatieron sobre ella. “Es sumamente interesante porque eso nos permitió entender cómo surgió esa paradoja que es que esa canción terminó en 2021 siendo la playlist de un libertario”.

No es la única paradoja para el panorama musical de la época. Explorar las causas de semejante acontecimiento histórico implica atravesar por distintas dimensiones, encabezadas por la cuestión económica, la política y también la social y cultural. Para Liut, es difícil determinar cuándo empezó la crisis. “Nos fuimos hundiendo a fuego lento”, dice.

“Creo que es multicausal. Hay un vaciamiento del sentido político en el 1994, pero a partir de la crisis económica de ese año (efecto tequila, desocupación) empieza una reacción que es multidimensional: la creación de la CTA, la instalación de la Cara Blanca Docente en los 90, el movimiento piquetero que empieza en Neuquén y Jujuy y termina cruzando la General Paz para llegar al centro porteño”, resume y agrega: “En las prácticas musicales más diversas, se puede ver desde los recitales públicos masivos en las plazas (algo que es más de las clases medias) a la la cumbia villera que emerge en el mismo territorio de las bailantas. Lo que tenemos en la Argentina como un capital es la capacidad de movilización y ocurre en un montón de lugares”.

Las músicas y los músicos también se vieron atravesados por estas situaciones y otras paradojas. “En años 90 todo el mundo se podía comprar equipos porque estaban baratos y eso permitió que géneros populares que antes no tenían acceso pudieran tener con qué tocar. La industria discográfica financiaba muchas cosas. A su vez eso mismo hizo que el país estallara en mil pedazos. Fito Páez graba La Casa Desaparecida en Nueva York y sin embargo, habla sobre lo que pasó en la Argentina. Lo que vimos en la crisis del 2001 es a tipos sensibles como León, Fito o Spinetta reaccionando ante lo que estaba pasando, pasando pero con su música. Se conforma un mosaico con canciones como El ángel de la bicicleta, La casa de desaparecida, Industria Argentina de Damas Gratis, Junio de Jorge Fandermole, haciendo ese réquiem a Kosteki y Santillán. Todo el mundo estaba levantando bandera, avisando que se venía esto y después, reflexionando”.

El libro “Una crisis cantada” se puede adquirir en la web de El Gourmet Musical.

“El legado militante de Pocho está muy vivo”
María Inés López es docente, investigadora, música en la agrupación santafesina “Mate Yacy”, y autora del artículo sobre una de las canciones-denuncia más emotivas que escribió León Gieco.

— ¿Por qué elegiste El ángel de la bicicleta?
— La elijo porque de las canciones que reflejan la crisis de 2001, es la que más me conmueve y porque logra condensar de manera tremendamente dramática lo que pasó en la provincia de Santa Fe en ese momento. También encuentro en la historia de militancia de Pocho, en su recorrido, muchas resonancias generacionales, cercanas. Me resuenan su impronta personal, su trabajo en el Barrio Ludueña de Rosario y su legado militante, que está muy vivo.

Por otra parte, la canción según el relato de León Gieco, tiene su origen en que él pregunta sobre las pintadas de bicicletas aladas en paredes en Rosario. Me pareció muy interesante indagar cómo se inserta la canción en toda una trama compleja de memoria, en la que participan diferentes intervenciones artísticas urbanas en las paredes de esta ciudad.

A su vez, hace rato que quería abordar el estudio de las canciones de León Gieco desde el proyecto de investigación que integro (sobre la canción popular argentina), que es un referente musical santafesino de alcance nacional e internacional. En sus canciones se puede encontrar ese vínculo con hechos del pasado reciente o del presente sobre los que toma partido, se posiciona, denuncia, es muy interesante su posicionamiento político-estético al respecto. Podemos entender, asomarnos o conmovernos con muchas de las cosas que pasaron en el país estos últimos años, a través de sus canciones.

— El asesinato del Pocho Leprati fue uno de los nueve que hubo en la provincia y uno de los pocos con condena. ¿La canción pudo ayudar a que haya justicia?
— Sí, la canción ayudó mucho. Lo dice Celeste Lepratti, hermana de Pocho, que afirma en entrevistas que la canción es una denuncia permanente de lo ocurrido en esos días de diciembre de 2001 en Santa Fe. Fue un gran aporte a la memoria por todas las víctimas, ayudó en el reclamo de justicia, reclamo que continuó porque no todos los que participaron tuvieron condenas y los responsables políticos tampoco. León tuvo siempre un gran compromiso con los familiares, estuvo cerca de ellos, ayudando con el reclamo, visibilizándolo y volviendo a Rosario a cantar en varias oportunidades, participando del Carnaval cumple de Pocho, por ejemplo, con toda su banda.

—Musicalmente, Gieco apela a la cumbia en su denuncia-canción. ¿Por qué?
— Esta canción, que es una de las muchas que León concreta en coautoría con Luis Gurevich. Apelan a la cumbia villera como género por una referencia específica de tiempo y lugar, como una música que para ellos se vincula al lugar de los hechos, un barrio popular de la ciudad de Rosario. Esto lo cuenta Gurevich en una entrevista. De todas maneras hay una intencionalidad de hibridez (incluyen algunos invitados más ligados al rock) y no se trata de imitar todos los rasgos del género, sino de referenciarse con el mismo por algunos aspectos específicamente musicales y por la inclusión de integrantes de Pibes Chorros, una de las agrupaciones emblemáticas de esta música en un intento de acercamiento a la escena del género.

“Cavallo es uno de los personajes que tal vez más aparece en las canciones de la crisis del 2001”
Julián Delgado es investigador, docente universitario y autor el libro Tu tiempo es hoy. Una historia de Almendra (Eterna Cadencia, 2017). Es este artículo se unió con el historiador y también docente e investigador Mauricio Schuttenberg para analizar Industria Argentina, del grupo de cumbia villera Damas Gratis.

— ¿Por qué eligieron Industria Argentina?
— La elegimos por tres motivos. En primer lugar, porque es una canción buenísima, en el sentido de que es muy divertida, pero también muy inteligente y que admite un análisis muy amplio. En segundo lugar, porque nos pareció importante abordar una canción de un grupo de cumbia villera, que es un género clave de aquel momento histórico, pero al que tal vez los investigadores no le han prestado todavía tanta atención como al rock. En tercer lugar, algo muy significativo es que la canción sigue siendo interpretada por Damas Gratis y escuchada por su público: a veinte años de la crisis, Industria argentina sigue informándonos sobre ese acontecimiento y sobre cómo se lo recuerda.

— En la canción, Pablo Lescano hace eje en una crítica al ministro de Economía de entonces. ¿Por qué tomó esa figura?
— Una cosa que descubrimos en el libro es que hay ciertas figuras, ciertos personajes, que aparecen recurrentemente mencionados en las canciones de la crisis del 2001. Tal vez Domingo Cavallo sea el que más aparece de todos, incluso más que Menem o De La Rúa. Por supuesto, la interpretación más evidente es que él había sido el principal responsable de diseñar y ejecutar las políticas neoliberales durante todos los años noventa y además de ser quien tomó la determinación de hacer el “corralito”: se había ganado, con justicia, el carácter de símbolo de las políticas económicas antipopulares. Pero, tomando el caso particular de Damas Gratis, yo agregaría que el “tópico” de Domingo Cavallo también funciona como una forma de hablar de los “políticos de porquería” (como dice la letra de Industria argentina) en términos más generales y presentarlos como seres insensibles y ajenos al sentir popular. En ese sentido, es interesante notar que, en 2016, Lescano eligió cantar la canción con una imagen de fondo que combinaba a Cavallo con el Señor Burns de Los Simpsons.

— Musicalmente, el tema tiene muchas capas y distintos géneros a pesar de ser encasillada en cumbia villera.
— Esa es una de las cuestiones que más nos llamó la atención y que más nos interesaba analizar y pensar. Efectivamente, el tema se sale del molde de la cumbia villera: en la música, que suena más como un ska, pero también en la letra, que le escapa a las temáticas “microsociales” comunes en el género para hablar de la política nacional. En relación a la música, una de las hipótesis que tenemos es que en ese desplazamiento de la cumbia al ska se pone en juego un mensaje político, de contestación, en el sentido más “clásico” de esos términos. Esto no quiere decir que no haya un contenido político en los ritmos de la cumbia villera, pero al provocar ese corrimiento nos parece que Damas Gratis está queriendo decir algo, llamar la atención; y al elegir el ska, una música con una tradición de resistencia y un vínculo con el punk/rock, claramente está buscando politizar su música.

Las canciones y capítulos del libro
La playlist completa se puede escuchar acá.

La música y la crisis del 2001. Martín Liut
Se viene (1998) de Bersuit Vergarabat: un ejercicio coral de memoria e interpretación.
La casa desaparecida (1999) de Fito Páez: Desmesura y pesadumbre para narrar la nación. Martín Liut
La violencia (1999) Dúo Barone-González: “Si el tango tiene que llorar, que llore por la actualidad”. Fernanda Suppicich.
Fin de siglo (1999) de Raúl Carnota: “Y yo me pregunto… ¿dónde está la vida?” Tomás Agustín Mariani.
Estancia (1941) de Alberto Ginastera. Entre la abstracción y el piquete en dos coreografías de 2001. Mariana Signorelli
El enemigo (2001) de Luis Alberto Spinetta: Música, imagen y poesía que interpelan. Elina Goldsack
Argentina 2002 (2002-2008) de Palo Pandolfo: Cantar, aunque todo caiga. Cristian Accattoli.
Devil Number 6 (2003) de Eleonora Eubel: Un blues bailable para el FMI. Berenice Corti
Ciertas cacerolas (2003) de Mario Hugo Sosa: Ecos del estallido (y la inundación). Verónica P. Pittau
Industria Argentina (2003) de Damas Gratis: La cumbia villera y la crisis de 2001. Julian Delgado y Mauricio Schuttenberg.
Junio (2005), de Jorge Fandermole: Poética de una masacre. Martín Sosa
El ángel de la bicicleta (2005) de Leon Gieco y Luis Gurevich: recorridos de la memoria en paredes, palabras y sonidos. María Inés López