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México combate comida chatarra para enfrentar la obesidad

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Conforme más estados proponen o aprueban prohibiciones a la venta de comida chatarra a menores de edad, una ola de críticas recorre México contra los bocadillos con alto contenido calórico que según los expertos le han dado al país una de las tasas más altas de obesidad infantil y una inusual cifra de jóvenes muertos por el coronavirus.

El estado de Tabasco, con litoral en el Golfo de México, aprobó esta semana restricciones a la venta de bebidas azucaradas embotelladas y a refrigerios con alto contenido de carbohidratos, menos de dos semanas después de que el estado sureño de Oaxaca fuese el primero en hacerlo.

Legisladores de varios estados han presentado propuestas similares, las cuales prohíben que los comerciantes vendan comida chatarra a los menores, a menos de que su padre o tutor esté presente y lo apruebe.

En el estado norteño de Chihuahua, el diputado local René Frías presentó un proyecto de ley para “garantizar a nuestra niñez y juventud una alimentación más sana para abatir la obesidad y el sobrepeso”. Todavía no se ha votado sobre la medida.

En la Ciudad de México, donde se encuentra el mercado minorista más grande del país, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum dijo hace unas semanas que “estamos trabajando con los diputados para ver si es factible hacer una legislación similar en la Ciudad de México”.

Algunas medidas también prohibirían las máquinas expendedoras que dispensen este tipo de alimentos y su venta dentro o cerca de las escuelas.

El tema ha salido a relucir con la pandemia de coronavirus, en la que México tiene la tercera cifra más alta de muertes a causa de COVID-19 en el mundo, detrás de Estados Unidos y Brasil. El gobierno reveló que, de los 57.774 mexicanos que han fallecido, la hipertensión y obesidad fueron los principales problemas de salud preexistentes que pueden haber causado complicaciones en la enfermedad, y la diabetes fue el tercer padecimiento más común.

El hombre designado por el gobierno para abordar la pandemia de coronavirus, el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, ha apoyado con firmeza las medidas contra la comida chatarra, así como los etiquetados de advertencia obligatorios en los alimentos con alto contenido calórico que recientemente fueron implementados, en parte debido a que aproximadamente la mitad de las muertes por coronavirus de México han sido de personas menores de 65 años, algo que él ha atribuido a la obesidad y dietas deficientes. También ha criticado los refrescos, a los que llamó veneno embotellado.

Pero definir la comida chatarra ha sido un gran desafío a la hora de elaborar las nuevas leyes —Oaxaca sigue trabajando en redactar su lista_, en parte debido a que hay muchos bocadillos tradicionales mexicanos que contienen grandes cantidades de azúcar, sal y calorías.

Por ejemplo, la bebida llamada “chilate” —que en el sur de México tiene variantes como el pozol, tejate y diversos nombres más_, lleva una larga lista de ingredientes altamente calóricos: chocolate, azúcar, maíz molido o arroz, e incluso llega a tener galletas trituradas. Se ha consumido en el país durante cientos de años. Los dulces tradicionales mexicanos generalmente están hechos de azúcar, sal, tamarindo y limón.

Pero debido a preocupaciones de tipo político y económico, y el orgullo nacional, los legisladores no quieren afectar a los bocadillos tradicionales, y en lugar de eso prefieren enfocarse en alimentos empaquetados producidos por compañías multinacionales.

La ley de Tabasco, aprobada el lunes con 22 votos a favor y ocho en contra, utiliza un lenguaje ambiguo para tratar de dejar fuera de la prohibición a los bocadillos tradicionales.

Dicha ley prohíbe “la venta, distribución, donación, dádiva y suministro de bebidas azucaradas preenvasadas, bebidas azucaradas carbonatadas, golosinas y alimentos preparados con predominio de carbohidratos refinados y grasas vegetales… que contengan ácidos grasos hidrogenados en su forma trans a menores de edad".

Quizás quede un largo camino por recorrer para implementar la nueva ley, debido a que muchos refrigerios empaquetados como las papas fritas de la marca Doritos se han integrado en la cultura alimentaria mexicana con los “Dorilocos”, que hoy en día son un producto muy presente en los parques del país. Su preparación consiste en abrir la bolsa de las papas fritas y añadir hasta una docena de ingredientes, algunos saludables como el apio o el jitomate, y otros definitivamente no tanto, como las nueces saladas o los ositos de goma.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) considera que la obesidad infantil es una emergencia sanitaria en México, y dice que los niños del país tienen el consumo más elevado de comida chatarra y muchos obtienen el 40% de su ingesta calórica total de ella.

Los grupos empresariales, que se quejan del impacto que las leyes tendrán sobre decenas de miles de pequeños comercios y puestos callejeros que generan la mayor parte de su dinero vendiendo bocadillos, dijeron que las nuevas leyes sólo provocarán un mercado negro.

La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes criticó la oleada de leyes nuevas, bajo las cuales los propietarios de comercios podrían enfrentar multas o cargos por vender comida chatarra a menores, y mencionó que podrían provocar que los pequeños acudan con vendedores no autorizados para conseguir sus golosinas.

“Históricamente está demostrado que este método en lugar de aminorar el consumo lo incrementa. La prohibición promueve la informalidad, ilegalidad, evasión, nulo control sanitario”, manifestó el presidente de la alianza, Cuauhtémoc Rivera, en un comunicado.